Biblia de JünemannBiblia · Jünemann

Libros poéticos y sapienciales

Salmos

40

(Mesiánico)

Cristo quéjase de sus enemigos y de Judas.

(Para el fin; salmo para David)

1Bienaventurado el que cuida del mendigo y pobre: en día malo le librará el Señor. 2El Señor le conserve y felicítele en la tierra, y no le entregue en manos de su enemigo. 3El Señor le ayudará sobre el lecho de su dolor: todo su estrado has vueltoa en su enfermedad. 4Yo dije: «Señor, apiádate de mí; sana a mi alma, que he pecado contra ti». 5Mis enemigos hablaron mal de mí: «¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?» 6Y si entrabab para verc, gratuitamente hablabad, su corazón juntó iniquidad para sí. 7Salía fuera y hablaba en lo mismo, contra mí. 8Susurraban todos mis enemigos contra mí; excogitaban males para mí, 9palabra malvada dispusieron contra mí: «¿Acaso el que duerme no pasará a levantar?»e. 10Pues también el hombre de mi paz, en el cual esperé; el que comía mi pan, engrandeció sobre mí suplantación. 11Tú, empero, Señor, apiádate de mí, y resucítame y les retribuiré. 12En esto conocí que me has querido: que no se ha de alegrar mi enemigo sobre mí. 13Pero a mí, por la inocencia, acogiste y afianzaste delante de ti por siglo. 14¡Bendito Señor, el Dios de Israel, desde el siglo y por el siglo. Sea, sea!

  1. a3Dar vuelta el lecho es ablandarle cariñosamente.
  2. b6El enemigo.
  3. c6Verme, visitarme.
  4. d6Mal.
  5. e9El enfermo es Cristo. «Hagamos dicen sus enemigos, que no se levante, matémosle».