Libros poéticos y sapienciales
Libro de Job
Prosigue Eliú ensalzando las divinas maravillas
1También por éstaa se ha turbado mi corazón y descorreráse de su lugar. 2Tú oye oída en ira de furor del Señor; y providencia de su boca saldráb. 3Por debajo de todo el cielo el comienzo de élc; y su luz, por las alas de la tierra. 4Tras de síd clamará con voz: tronará en voz de su altivez; y no los permutaráe; —porque oirás la voz de él. 5Tronará el Fuerte en su voz maravillosa; pues hizo grandezas que no sabíamos; 6mandando a la nieve: «Hazte sobre la tierra», y tormenta— lluvia, y tormenta de lluvias, de su poderío. 7En mano de todo hombre sellaf, para que conozca todo hombre su propia flaqueza. 8Y han entrado las bestias bajo reposo, y reposado sobre cubil. 9De los tesoros salen cuitasg, y de las extremidadesh el frío. 10Y del hálito del Fuerte se dará hielo; y gobierna el agua, como él quisiere; 11y al elegido, forma nubes; dispersará el nublado la luz de él, 12y él mismo torbellinos revolverá, en contorno contra las obras de ellos; todo cuanto les ha mandado, esto constituido está sobre la tierra; 13sea para corrección; sea para la tierra de éli, si, para misericordia, le hallare. 14Escucha esto Job, írguete, amonestado del poder del Señor. 15Sabemos que Dios estabilizó sus obras, luz haciendo de tinieblas. 16Y sabe la diferencia de los nublados, y las descomunales caídas de los malos. 17Y tu vestido, cálido; y se reposa sobre la tierraj; 18afianzamiento con él contra las nubesk poderosos cual imagen de bronceadural. 19¿Por qué? enséñame; ¿qué le diremos? y cesaremos en el mucho hablar. 20¿Acaso libro o escriba está junto a mí, para que a un hombre yo vaya a acallarm? 21Que a todos no visible la luz; centelleando está en los nublados, como lo de él sobre las nubes. 22Desde el septentriónn, nubes fulgentes de oro; sobre ellas grande la gloria y la prez del Todopoderoso; 23y no hemos hallado a otro semejante a la fuerza de él: El que lo justo juzga ¿no crees que ese mismo escucha? 24Por lo cual temeránle los hombres, y temeránle también los sabios de corazón.
- a1Causa.
- b2El trueno con que gobierna.
- c3La manifestación divina: la tormenta.
- d4Va caminando por los cielos la majestad divina.
- e4Dejará sin castigo «porque oirán su voz».
- f7Imprímelo fuertemente en todo hombre.
- g9De lo recóndito del cielo salen tempestades.
- h9De la tierra.
- i13Para bien de la tierra del hombre.
- j17Es mediodía.
- k18La tormenta ardiente.
- l18El firmamento espléndido como metal acrisolado: El sentido del vs.: si el hombre nada puede contra los ardores del sol y la tempestad; si Dios ha colocado, su pabellón de los cielos, para gobernarlo todo ¿quién comprende su poder y sabiduría? ¿quién no se sujeta a él?
- m20Aunque tuviese yo toda la ciencia no lograría convencer al que no ve la grandeza evidente de Dios. (Entre tanto se ha venido acercando la tormenta de que se ha hablado: 37, 2).
- n22Está viniendo.